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lunes, 13 de abril de 2009

Porque sí


En un lugar no muy lejano cuyo nombre recuerdo perfectamente, las cosas sucedían porque sí.

Un día te levantabas y el café se había hecho sólo. Te esperaba humeante en una taza mientras el azúcar miraba de reojo su próximo destino y las naranjas bailaban en el exprimidor desprendiendo vitamina C por todas partes.
La radio se encendía cuando sonaba tu canción favorita y tu pie se movía a ritmo de corcheas y semicorcheas enlazadas en una melodía perfecta.
La nicotina de tu cigarrillo se convertía en Magnum Doble Chocolate y las penas no hacía falta ahogarlas en alcohol, se iban solas.
A medida que iba pasando la tarde, el sol brillaba más y más hasta que daba paso a una luna llena resplandeciente.

Los días eran perfectos tal y como lo deseabas y ninguno era igual al anterior. En aquel lugar las horas pasaban rápida o lentamente según tus preferencias y todo lo imaginable se hacía realidad.

En aquel lugar sólo tenías que desear algo con todas tus fuerzas para que ocurriera realmente.

miércoles, 25 de marzo de 2009

La caja


La habitación de María estaba llena de juguetes. Todos y cada uno de ellos esperaban impacientes ser los elegidos del día para entretener a María durante su tiempo libre.

Las princesas Disney aguardaban sentadas tomando el té en la cocina de Pin y Pon mientras las Bratz cuchicheaban si Ken se había teñido gracias a las Crayola o eran canas de los disgustos que le daba Barbie cada vez se escapaba a la habitación de al lado, donde Madelman dormitaba con un ojo abierto y otro cerrado.
El bebé hablador confiaba en que pronto María le rescataría al oír mamá caca y la Nancy le miraba con cara de pena mientras pensaba que ella sería una madre ideal.
Mi pequeño Pony soñaba con cabalgar por la habitación con Kitty en su lomo gritando Hello a los cuatro vientos.
Hanna Montana no sabía muy bien si había perdido su voz para siempre o era una afonía momentánea la que le impedía entonar sus canciones delante de las Polly Pocket, evitando que éstas se desmelenaran y bailaran hasta caer rendidas.
Minnie y Micky Mouse permanecían en el carricoche plegable de Nenuco mientras éste aguantaba en posición fetal día tras día.
Lupita se lamentaba al recordar su éxito los Loonies y los niños nos vamos a la cama, harta de permanecer en los brazos de Morfeo desde que salió de la caja envuelta con papel de regalo de Shrek en el tercer cumpleaños de la pequeña María.

Y así infinidad de muñecos, utensilios, puzzles y demás enseres lúdicos a los que María no hacía ni caso. Si alguna vez uno de ellos era el agraciado, podrían pasar meses hasta que volvieran a ponerse en funcionamiento.

Un día, de pronto, María reparó en una cajita que había arrinconada en una esquina de la habitación. Era una cajita de madera preciosa con grecas y dibujitos que de un día para otro brillaban más que nunca. María asombrada, se acercó hasta ella y embelesada por aquel juguete en el que no había reparado jamás abrió la tapa muy lentamente. En ese momento... ¡Sorpresa! Un payasete salió disparado gritando jo jojojoooo. Su risa era tan contagiosa que María soltó una carcajada seguida de una sonrisa que permaneció en su cara durante mucho tiempo. Desde aquel momento, aquella cajita se volvió inseparable para María. No iba a ningún lado sin ella. Aquel payaso hacía que María se muriera de la risa cada vez que asomaba su cara y reía al son de su particular jo jojojoooo.

domingo, 8 de marzo de 2009

La gran ñ


En el universo de las letras cada caracter era feliz con su cometido.
Las vocales se creían las reinas del mambo, -nosotras somos imprescindibles, nos llevamos bien con todo el mundo, las demás se pelean por ponerse a nuestro lado-, alardeaban sin importarles que letra pasara por allí. Eran las únicas capaces de colocarse las tildes para enfatizar su sonido y presumían de dicho accesorio que las hacía especiales.

Las mayúsculas observaban desde arriba a las demás y de vez en cuando sonreían satisfechas por su elevada altura, -¿Qué pasa pequeña? ¿Te llevo de la manita hasta el siguiente punto y a parte?- preguntaban con rintintín cuando alguna minúscula se cruzaba en su camino.

Las consonantes estaban siempre atentas para ver a qué vocal tenían que juntarse. Había algunas más solicitadas que otras y cuando eran las elegidas para formar palabras su orgullo crecía a pasos agigantados.

En el mundo de las letras ninguna se cuestionaba nada. Estaban acostumbradas a obedecer las reglas que alguien había impuesto y las acataban acostumbrándose a la rutina impuesta.
Todas excepto una, la ñ. Siempre fue el patito feo del abecedario. Las demás consonantes la miraban con desprecio porque era la única con un peinado estupendo y nunca se juntaban con ella. Las vocales la rehuían porque según ellas, a su lado deslucían y las mayúsculas se reían de ella porque no tenía ninguna hermana mayor que la defendiera.
La ñ se paseaba de un lado a otro del alfabeto esperando que alguna que otra vez, alguien la dejara formar grupo.
Sin embargo un día se rebeló, se dio cuenta de que era la única realmente especial. Además de que era la única que siempre iba entre dos vocales, todas las letras tenían clones en otros países, todas excepto la ñ. Era única y originaria y era la que realmente hacía que determinadas palabras sonaran como tienen que sonar, ¡coño!

viernes, 13 de febrero de 2009

Nada es imposible

Aquella frase se metió en su cabeza y después de mucho pensarlo, decidió arriesgarse. Sí, tenía que hacerlo. Total, no perdía nada. Estaba dispuesta a conseguir unas cuantas, traerlas consigo y reproducirlas una vez conseguido lo que buscaba. Lo demás vendría después. Y era por una buena causa, haría feliz a muchísima gente.
Después de investigar descubrió que en América del Sur abundan y que en Colombia concretamente salen de debajo de las piedras. Hay alrededor de 578 especies. Así que hizo su maleta y se encaminó hacia el país de Gabriel García Márquez.
Una vez allí, no fue difícil. Regresó con una de cada especie para que las posibilidades de éxito fueran mayores.
Ya de vuelta, se dispuso a comenzar con la segunda parte del plan. Se abasteció de vitamina B5, propecia, lopecian y hormonas masculinas. Y cada día les fue inyectando estas sustancias a través de jeringuillas, hasta que de pronto un día el experimento dio resultado.

¡Ya tenía ranas con pelo!

¡Ya nada era imposible!

jueves, 15 de enero de 2009

Don Julián



Capa y sombrero reforzaban el semblante serio y apuesto de Don Julián. Su intensa mirada era capaz de atravesarte aunque simplemente le miraras de reojo. Ese aire chulesco le hacía portador de un gran atractivo, él lo sabía y sabía cómo utilizarlo el muy condenado. Si le mirabas directamente a los ojos estabas perdida, le envolvía un halo de misterio capaz de despertar la curiosidad más adormecida y cuando te embaucaba con esa verborrea digna de todo un galán ya no había vuelta atrás.
Acababa de llegar al barrio y, como era de esperar, no había pasado desapercibido a los ojos de nadie. Ellos le miraban con recelo, con la sensación de quien observa a un futuro rival y ellas con cautela, bajo la desconfianza de quien presupone que podría terminar cayendo en las redes de tan gentil caballero.
Así que, entre unas cosas y otras, sólo se tenía a sí mismo, pero eso no le importaba.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Vidas anónimas


Cuando llegué a la frutería había como 5 personas delante, así que me dio tiempo a observar atentamente a cada una de ellas y a fantasear historias sobre su existencia. Me gusta imaginar la vida de la gente cotidiana que veo a diario por la calle.

La señora Juani estaba pidiendo acelgas, patatas, zanahorias, puerros… seguramente para prepararles a sus dos nietos un puré de verduras a la hora de comer. La señora Juani recoge a sus nietos a la salida del colegio, les alimenta como mandan los cánones y les vuelve a llevar a que aprendan que 2+2 son 4. Sin embargo, de vez en cuando, la yaya Juanita les consiente con una hamburguesa y algún que otro tubérculo frito.

Pepe el quiosquero, para mí tiene cerca de 60 años, está viudo y lleva toda su vida en la caseta del medio de la plaza. Está al día de todo lo que pasa en cualquier parte del mundo. Es muy detallista y se preocupa por facilitarles las cosas a sus clientes colocando cada ejemplar con especial cuidado. En la parte central los periódicos; El País, el Público… a la izquierda, El Mundo, La Razón, El ABC… a la derecha; al sur La Tribuna; al nordeste La Vanguardia y al suroeste Hoy. El As y el Marca cuelgan del larguero del puesto y en los brazos laterales, que se despliegan a la hora de apertura, se encuentran las revistas; en la parte baja las del corazón y en la parte alta las de adolescentes, que para algo toman cada día más Danonino. Así que el kilo de naranjas que va a pedir, le sirven para madrugar y terminar airoso su jornada.

Esperanza ronda los 40 y espera impaciente su turno mirando una y otra vez su reloj de brillantes. Va a comprar unos puerros para su Vichysoisse y unas fresas para el postre. Su amigo especial, el banquero, viene a cenar y ha pensado en cocinar algo rápido y ligero para disponer de más tiempo a la hora de llevárselo al huerto y amarse hasta el amanecer.

Guille tiene 19 años, viene de León para estudiar arte dramático y acaba de independizarse. Su santa madre le ha impuesto que ingiera alcachofas, que protegen el hígado, así que se dispone a comprar corazones curativos para todas las juergas nocturnas que se le vienen encima.

Y delante de mí está Jesús,¡Ayyy Jesús...! Alrededor de 30 años, alto, moreno, ojos negros y barba desaliñada pero de impecable apariencia... todo un adonis. Ideal si no fuera gay. Está esperando comprar cebolleta, aguacate y limones para prepararle a Pedro arroz a la tailandesa. Pienso en quien fuera Pedro y me traen de vuelta a la realidad el –¡¿Quién va ahoraaaaa?!- del frutero y el – ¡Vaaaaamos niña, que es para hoy!- de la señora Paca.

lunes, 22 de septiembre de 2008

El solitario


No oigo a los gallos, me despierta el crepitar de las horas. Cada vez que mi persiana se levanta mi mente se oscurece. ¿Qué día me espera hoy? Un ratito más, me dice mi consciencia. Por fin me levanto después de remolonear entre las sábanas ,subo el párpado izquierdo y mi mundo empieza a girar.
Compro la típica barra de pan, me tomo mi caña de las 12.00 am cuando las manecillas se juntan y cuando van cada una por su lado espero a que alguna voz extraña me despierte del letargo.
Llega la hora de comer y la ensaladilla baja por mi garganta con la inercia de todos los días. El momento del café es caso a parte, lo disfruto y mientras tanto charlo con fulanito y menganito de cómo nos va la vida. La sobremesa discurre sin más exaltación que la que me otorga una siesta sólo, sin calor a mi lado. Pienso en la compañía, pero rápidamente bajo a la tierra sin temor a pisar firme.
La hora de la merienda pasa sin más, y mi mortadela se caduca sin novedad alguna dentro de lo que queda de la barra de pan que compré esta mañana. Por la tarde me encuentro a mucha gente y cada uno de ellos me mira sin decirme nada.
Por la tarde cañas y más cañas atraviesan mis entresijos esperando encontrar alguna gallineja como buen madrileño de pro.
Y al caer la noche termino en el garito de siempre, apoyado en la barra de siempre y saludando a los asiduos que me rescatan de mis pensamientos nocturnos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Footing


Salimos a correr como cada tarde por el parque cercano a tu casa. El día estaba un poco nublado pero no había señales de que fuera a llover, más bien era como si de un momento a otro se fuera a abrir un claro entre las nubes y el sol fuera a asomarse guiñándome un ojo.
La marcha era calmada, había conseguido seguirte el ritmo disfrutando de tu compañía. En esos momentos no hablábamos, simplemente nos mirábamos de reojo de vez en cuando corroborando la presencia del otro. Bastaba con sentirte a mi lado, después de tantas tardes habíamos conseguido unificar nuestros pasos y la precisión era tal que parecíamos una sola persona.
Quería creer que tu silueta era sombra de la mía, y que por mucho que avanzáramos siempre estarías a mi lado. Porque contigo me siento bien. Me encanta tu sonrisa. Sí, esa que abarca dos palmos de mis manos, esa que sobresale y que encandila a todo el que te mira. No se como lo haces, es como si tuvieras un don. Y cuando estoy contigo yo tampoco puedo evitar sonreír.
De repente, algo en ti se paralizó y te quedaste atrás, caíste al suelo mientras te sujetabas la pierna. Un calambre, tu gemelo se tensó agarrotando todos los músculos. En ese momento algo en mí se paralizó también, me asusté, pero no podía parar de correr. Vi tu cara de dolor mientras me alejaba, pero por más que lo intenté no pude retroceder.
Pensé que si daba la vuelta a la manzana te volvería a encontrar. Y así lo hice, aceleré el paso, corrí y corrí con todas mis fuerzas y cuando giré la última calle tú estabas allí, pero ahora corrías más rápido que yo.

martes, 5 de agosto de 2008

¡Arriba las manos!


- ¡Arriba las manos!

Mi corazón se paralizó por un segundo para acelerarse seguidamente hasta alcanzar una velocidad de vértigo.

- Venga! Dame todo lo que tengas!
- Eh… verás… creo que no es un buen momento…
- ¿Cómo? Vamos morena, déjate de rollos y suelta todo lo que lleves.
- En serio, no puedes hacerme esto.

La voz me temblaba pero estaba más segura que nunca de que nadie sería capaz de quitarme aquello que me había costado tanto conseguir y por fin era mío.

- Mira… si hubieras dado conmigo hace unas semanas te lo habría entregado todo sin rechistar: angustia, lágrimas, pesimismo, melancolía… al fin y al cabo seguro que en el mercado negro te lo hubieran pagado todo a buen precio. Pero ahora… la cosa ha cambiado, tengo ilusión, esperanzas… estoy llena de buena energía y con eso la gente como tú no va a ningún sitio. De ninguna manera pienses que voy a entregarte mi sonrisa…
- Pero, todo eso es lo que busca la gente…

El tipo estaba inquieto, lo que hacía que mis nervios se espabilaran todavía más y empezaran a correr de un lado para otro haciendo de las suyas. Aún así, continué con mi alegato.

- Bueno, tú mejor que nadie sabrás que con los buenos sentimientos no se trafica, chico no venden, que le vamos a hacer... La maldad es la que domina el mundo, el morbo de las peleas, la ira, la enemistad… Los buenos sólo salen ganando en las películas y en los libros. Te lo aseguro, con todo lo que yo tengo ahora encima no irías ni a la vuelta de la esquina.

El individuo se quedó pensativo y sin mediar palabra se dio media vuelta meneando la cabeza e intentado sacudirse las buenas vibraciones que le habían llegado a través de mí.
Yo me quedé paralizada, suspiré aliviada y sonreí satisfecha.

jueves, 5 de junio de 2008

El Zapato


Por aquel entonces no contaba más que con un zapato. Todo el mundo le miraba extrañado. Algunos se reían, otros le miraban con compasión, pero por un motivo o por otro, todo el mundo cuchicheaba a sus espaldas. Esto a él no le importaba, sólo tenía dos preocupaciones.

Una, encontrar el otro zapato, su otro zapato. No quería un par nuevo. Para ello se dedicaba a andar y a andar. Andaba por la mañana, por la tarde, por la noche, se pasaba el día andando. Recorría varios kilómetros a lo largo del día en busca de aquello que le faltaba, aquel calzado que le daría la total estabilidad y resistencia sobre el terreno que pisaba. Rebuscaba en los lugares más insólitos, en aquellos recovecos donde a penas cabe un calcetín, con la esperanza de obtenerlo.
Su otra preocupación era conservar los cordones de su único zapato en perfecto estado. Esos cordones mantenían su zapato sujeto, eran la base y el pilar de lo único que tenía, así que dedicaba tiempo y esfuerzo, mientras descansaba en sus caminatas, a que no se salieran de ningún agujero, que no se doblaran y se liaran, que no se rompieran...

Llevaba ya muchos años buscando, tanto que había olvidado que fue lo que pasó. No sabía si había perdido el otro zapato, si nunca llegó a tenerlo o si se lo robaron.
No lo llegó a encontrar, pero de pronto un día, en el lugar más inesperado encontró la horma… de su zapato.

viernes, 16 de mayo de 2008

La Farola


Veo pasar a diario cantidad de gente, soy testigo de infinidad de historias que se dan cita en la oscuridad de la noche…

Borrachos que se tambalean al ritmo de las agujas del reloj, esas agujas que marcan que es hora de irse a casa a dormirla y se apoyan en mí para no caerse antes de continuar su rumbo; parejas de enamorados que aprovechan mi luz tenue de madrugada para abrazarse y decirse lo mucho que se quieren con la mirada; amantes que se esconden de su entorno habitual puestos y dispuestos a hacer locuras bajo el abrigo del riesgo; grupos de jóvenes enfurecidos por los efectos etílicos que me apedrean hasta romper mi forma pero no mi fondo; perros y gatos que marcan su territorio a mis pies; solitarios que aprovechan para fumarse a mi lado el último cigarro antes de regresar a casa, compartiendo a voces conmigo el silencio de sus pensamientos; camellos y sus pajes que trapichean con esa mierda que se propaga como la mala hierba; prostitutas que aprovechan para colocarse el sostén de su dignidad y guardar a buen recaudo sus ganancias de la noche; magnates que se paran repentinamente para sonreír por la satisfacción que les produce el acuerdo que acaban de cerrar hace unas horas, sin más compañía que la de su maletín de piel en el que guardan el orgullo…

Todos ellos tienen algo en común… ninguno repara detenidamente en mi presencia pero todos saben que siempre estoy ahí para compartir su vida mientras la mía va pasando lentamente de forma paralela.